LA STORIA DI SAN MICHELE AXEL MUNTHE PDF

No more a saint than Axel Munthe and nothing to compare with him, I know! I was lucky enough to visit this wonderful Villa in June following an exhilarating mini bus drive to Anacapri. One thing that puzzled me was a Swedish flag floating amongst the Italian flags. This is when I became aware of Axel Munthe extraordinary life and story. This book is now free of copy rights I understand and I managed to get it on my electronic devices through "Internet archive.

Author:Akiramar Voodoolkis
Country:Belgium
Language:English (Spanish)
Genre:Love
Published (Last):25 January 2017
Pages:104
PDF File Size:5.68 Mb
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ISBN:912-5-50006-418-2
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Albert Bonniers Frlag. Henry James, el famoso escritor americano, deba ser uno de mis testigos. Tambin l haca poco que haba cambiado su nacionalidad: Civis britannicus sum, deca con su voz profunda.

Saba que yo haba tratado de hacer lo poco que me era posible y haba fracasado porque estaba demasiado desamparado yo mismo para amparar a los dems. Conoca el destino que me esperaba. Ponindome la mano en el hombro, me pregunt lo que pensaba hacer. Le respond que estaba a punto de dejar definitivamente a Francia para esconderme, como un desertor, en mi vieja torre, el ms adecuado sitio para m.

Al despedirme, me record que, aos atrs, cuando fue mi husped en San Michele, me anim a escribir un libro acerca de mi morada, considerada por l como el lugar ms bello del mundo. Por qu no escribir ahora la historia de San Michele si mis condiciones haban de empeorar haciendo decaer mi nimo? Quin podra escribir sobre San Michele mejor que yo, que lo haba construido con mis propias manos?

Quin podra describir mejor aqullos inestimables fragmentos de mrmol esparcidos por el jardn donde en otro tiempo erguase la quinta de Tiberio, el viejo y ttrico Emperador que haba hollado con cansado pie el mismo pavimento de mosaico por m vuelto a la luz bajo las vides?

Qu fascinador estudio para un hombre como yo, apasionado por la psicologa! Para un hombre que desea olvidar su desgracia, nada mejor que escribir un libro; nada mejor que escribir un libro para un hombre que no poda dormir.

Volv a mi intil soledad en la vieja torre, humillado y descorazonado. Mientras todos ofrecan la vida por su pas, yo pasaba mis das caminando por la torre sombra, inquieto como un animal enjaulado, mientras me lean interminables noticias de sufrimiento y de dolores. Al anochecer, cuando la despiadada luz del da cesaba de torturarme los ojos, suba a San Michele en busca de noticias. La bandera de la Cruz Roja Britnica ondeaba sobre San Michele, donde hombres valerosos e invlidos iban a curarse con el mismo sol que me haba expulsado de mi amada casa.

Ay, qu noticias! Qu larga era la espera para quien no poda hacer otra cosa que esperar! Axel Munthe de San Michele La historia Pero cuntos osan confesar lo que tantos han experimentado: que el peso de la propia afliccin parece ms soportable mientras todos, hombres y mujeres en torno, estn de duelo; que la herida de nuestro costado parece cicatrizarse mientras la sangre brota de tantas otras heridas?

Quin se atreva a quejarse del propio destino mientras el mundo estaba en peligro? Quin osaba lloriquear sobre el propio dolor mientras todos aquellos mutilados yacan en sus camillas con los labios mudos? Calmse, al fin, la tempestad. Volvi a reinar el silencio en la vieja torre. Qued solo con mi espanto. El hombre fue creado para llevar su cruz; por eso fue provisto de fuertes espaldas.

Un hombre puede soportar su suerte mientras puede soportarse a s mismo. Puede vivir sin esperanza, sin amigos, sin libros, hasta sin msica, mientras pueda escuchar sus propios pensamientos y or el canto de un pjaro fuera de la ventana y la voz lejana del mar. Mas un hombre no puede vivir sin dormir. Cuando perd el sueo empec a escribir este libro, despus de haber probado intilmente los remedios ms innocuos.

Fue para m un verdadero xito, ms de cuanto hubiera podido imaginar. Siempre he bendecido a Henry James por su consejo, ltimamente he dormido mucho mejor. Hasta ha sido un placer escribir este libro; ya no me pregunto por qu en nuestro tiempo son tantos los que escriben. Por desgracia, he escrito La historia de San Michele entre grandes dificultades.

Ya en el principio fui interrumpido por un intruso inesperado, que se sent frente a mi escritorio y empez a hablar de s mismo y de sus asuntos de una manera muy confusa, como si todas sus tonteras pudiesen interesar a alguien, fuera de l. Era algo muy irritante y poco ingls el modo con que continuaba narrando sus varias aventuras, en las cuales pareca siempre ser el hroe: demasiado Ego en tu Cosmos, jovencito, pensaba yo. Se daba aires de conocerlo todo: arte antiguo, arquitectura, psicologa, muerte y ultratumba.

La Medicina pareca su flaco. Afirmaba ser un especialista de los nervios y se vanagloriaba, como hacen todos, de ser discpulo de Charcot. Dios ayude a tus enfermos, pensaba yo.

Mientras pronunciaba el nombre del maestro de la Salptrire cre, por un momento, conocerle desde mucho tiempo atrs, pero pronto abandon esta idea por absurda, porque pareca tan joven e impetuoso, y yo me senta tan viejo y abatido Sus incesantes fanfarronadas y su misma juventud empezaron a atacarme los nervios.

Y la cosa empeor cuando advert en seguida que aquel jovencito me estaba tomando el pelo, como suelen hacer los jvenes con los viejos.

Por ltimo, trat de convencerme de que San Michele lo haba construido l y no yo. Deca que le gustaba el lugar y quera habitar siempre all. Al final le dije que me dejara solo 10 Axel Munthe de San Michele La historia para continuar en paz mi Historia de San Michele y la descripcin de mis preciosos fragmentos de mrmol de la quinta de Tiberio. Pobre viejo! No dices ms que chocheces.

Temo que ni siquiera puedas leer tu propia escritura. No escribes sobre San Michele y los preciosos fragmentos de mrmol de la quinta de Tiberio.

Torre di Materita, Algunos han visto en el libro una autobiografa; otros, las Memorias de un mdico. A mi entender, no es una cosa ni otra. Ciertamente, yo no hubiera podido emplear tantas pginas en escribir la historia de mi vida, aun sin omitir los captulos ms tristes y ms densos de acontecimientos. Lo que s puedo asegurar es que nunca tuve la intencin de escribir un libro sobre m mismo; al contrario, mi preocupacin constante ha sido tratar de desembarazarme de esta vaga personalidad ma.

Sea como fuere, si este libro ha resultado, a pesar de todo, una autobiografa, empiezo a creer, juzgando por su venta, que el modo ms sencillo de escribir sobre s mismo consiste en pensar en los otros; no hay ms que sentarse cmodamente y mirar hacia el pasado con los propios ojos ciegos. Mucho mejor an, tenderse en la hierba sin pensar en nada, pero permaneciendo a la escucha. Poco a poco, el lejano rumor del mundo se extingue, los bosques y los prados empiezan a cantar con puras voces de pjaro, buenos animales se aproximan para contar sus alegras y sus dolores con sonidos y palabras inteligibles, y, cuando todo est silencioso, hasta las inanimadas cosas circundantes empiezan a susurrar su sueo.

Llamar a este libro, como algunos crticos han hecho, las Memorias de un mdico, me parece an ms impropio. Su turbulenta simplicidad, su descarada franqueza, su misma lucidez, se adaptan poco a un subttulo tan pomposo. Cierto que un mdico tiene, como cualquier otro ser humano, derecho a distraerse y hasta a rerse de sus colegas, si est dispuesto a correr tal riesgo; pero no a rerse de sus enfermos. Llorar con ellos es an peor; un mdico llorn es un pobre mdico. Un viejo doctor, antes de decidirse a escribir sus Memorias debe pensarlo mucho.

Es mejor que guarde para s cuanto ha visto de la vida y de la muerte. Es mejor que no escriba ninguna Memoria y que deje a los muertos en paz y a los vivos con sus ilusiones.

Alguien ha llamado a La historia de San Michele una historia de la muerte. Quiz tenga razn, porque rara vez la muerte abandona mi pensamiento. Non nasce in me pensier che non vi sia dentro scolpita la morte, escribi Miguel ngel a Vasari. He luchado mucho 12 Axel Munthe de San Michele La historia con mi lgubre colega: siempre derrotado, lo he visto destruir, uno tras otro, a todos los que he tratado de salvar.

He recordado a algunos en este libro, tal como los he visto vivir, sufrir y morir. Era cuanto poda hacer por ellos. Todos eran gente humilde; ninguna cruz marmrea seala sus fosas, y muchos de ellos estaban ya olvidados antes de morir. Ahora estn todos bien. La vieja Maria Portalettere, que durante treinta aos subi a pie desnudo, las setecientas setenta y siete gradas de la escalera fenicia, con mis cartas, lleva ahora el correo en el cielo, donde l querido viejo Pacciale fuma su pipa en paz, mirando el mar infinito, como sola hacer desde la prgola de San Michele; y donde mi amigo Arcangelo Fusco, el barrendero del Quartier Montparnasse, contina barriendo el polvo de las estrellas del ureo pavimento.

Por el majestuoso peristilo de columnas de lapislzuli se pavonea el pequeo Monsieur Alphonse, el decano de las Hermanitas de los Pobres, con el flamante redingote del millonario de Pittsburgo, saludando solemnemente con su querido sombrero de copa a todos los santos que encuentra, como haca con todos mis amigos cuando paseaba por el Corso en mi coche.

John, el nio de los ojos celestes, que nunca sonrea, ahora juega alegremente con muchos otros chiquillos felices, en la vieja estancia de juegos del Nio; por fin ha aprendido a sonrer.

La habitacin est llena de flores; cantan y revolotean por las abiertas ventanas los pjaros; la Virgen da, de cuando en cuando, una ojeada para ver si los nios tienen todo lo que desean. La madre de John, que tan tiernamente lo cuid en la Avenue de Villiers, sigue por aqu abajo; la vi el otro da. La pobre prostituta Flopette parece haber rejuvenecido diez aos desde que la vi en el caf nocturno del bulevar; ahora, muy acicalada y linda con el hbito blanco, hace de segunda doncella de Mara Magdalena.

En un humilde rincn de los Campos Elseos se halla el cementerio de los perros. Todos mis amigos muertos estn all; sus cuerpos continan an donde los sepult bajo los cipreses de mi vieja torre; pero sus fieles corazones han sido transportados a las alturas. El amable San Roque, el santito patrn de los perros, vigila su cementerio, y la buena vieja Miss Hall es asidua visitadora. Hasta el bergante de Billy, el borracho zambo que prendi fuego al atad del cannigo Don Giacinto, ha sido admitido a prueba en la ltima fila de fosas del cementerio de los monos, previo un minucioso examen de San Pedro, porque, por oler a whisky, lo consider, al principio, de la especie humana.

Don Giacinto, el sacerdote adinerado de Capri, que nunca dio un cntimo a un pobre, sigue tostndose en su atad. Y al ex matarife de Anacapri que cegaba a las codornices con una aguja candente, lo dej ciego el mismsimo diablo, en un acceso de celos profesionales. Un crtico ha descubierto que en La historia de San Michele hay material suficiente para proveer de tramas hasta el fin de su vida a los autores de novelitas sensacionales.

Les cedo gustoso este 13 Axel Munthe de San Michele La historia material; que lo tomen por lo que vale. Yo no lo necesito.

Habiendo dedicado mis esfuerzos literarios, durante toda la vida, a extender recetas, no es probable que ahora, al declinar, intente escribir novelitas sensacionales. Lstima no haberlo pensado antes!

No me vera reducido a lo que soy. Ciertamente, debe de ser ms placentero acomodarse en una butaca y escribir historias sensacionales, que sudar la gota gorda toda la vida para reunir el material; ms fcil describir la enfermedad y la muerte que combatirlas, o inventar siniestras intrigas que ser vctima de ellas sin previo aviso.

Pero por qu no recogen por s mismos el material esos escritores profesionales? Casi nunca lo hacen. Los novelistas que a toda costa quieren llevar al lector a los bajos fondos, rara vez los frecuentan. Los especializados en la enfermedad y la muerte, raramente pueden ser inducidos a acompaarnos al Hospital donde acaban de despachar a su herona. Poetas y filsofos que, en sonoros versos y en prosa, saludan como libertadora a la muerte, palidecen a menudo con slo or el nombre de esta su mejor amiga.

Es una vieja historia. Leopardi, el ms grande poeta de la Italia moderna, que deseaba la muerte en exquisitas rimas desde que era muchacho, fue el primero en huir cuando el clera apareci en Npoles.

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Axel Munthe – Der Arzt von San Michele

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Munthe, Axel - La Historia de San Michele

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Villa San Michele (Capri)

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